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CUATRO MÁRTIRES

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RED URUGUAYA POR DEMOCRACIA PARA CUBA

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domingo, 24 de abril de 2011

ANÁLISIS DE LO QUE PASA EN CUBA



Una nueva etapa del drama cubano: Enfrentar el raulato

Jorge Hernández Fonseca



23 de Abril de 2011



Raúl Castro pretende innovar. Ya se equivocó durante 52 años, fracasando. Pero ahora jura que “las cosas serán diferentes”. Su ideología es la misma, el marxismo-leninismo. Marxismo porque todavía piensa que la administración de los negocios importantes por el estado, es la solución de los problemas socio-económicos. Leninismo porque ‘entiende’ que se necesita una dictadura (suya) para comandar con mano firme la sociedad, impidiendo el regreso al “pasado”.



Como que hasta ahora el marxismo-leninismo no le funcionó a su hermano mayor, Fidel, quiere implantar determinadas medidas del “capitalismo” equivocadamente publicitadas en la isla como siendo la esencia de ese “fatídico” sistema: desemplear trabajadores y eliminar subsidios, juntando así lo peor de los dos mundos: la dictadura política socialista, con desempleo y desamparo social capitalista. También permitirá, ¿por qué no? estiradores de bastidores y vendedores de ‘corbatas baratas’, para que no se pueda decir que no hubo liberalización.



Así las cosas, en un contexto donde ni a Estados Unidos ni a Europa le interesa el drama de los cubanos del interior de la isla --en parte porque estos países tienen sus propios y graves problemas que resolver, y en parte porque, con el socialismo derrotado que se presentó en el VI Congreso del PCC (Fidel decrépito junto a Raúl y sus generales geriátricos) dieron más lástima que miedo--. En estas circunstancias, Raúl y sus ‘viejitos’ no enfrentarán problemas externos.



Internacionalmente se observa para Cuba un escenario a medio plazo como el siguiente: ya no está Fidel y aunque ahora está su hermano Raúl, éste se ha mostrado más ‘sensible’ a las necesidades del pueblo y ha propuesto ‘cambios’, que si bien no son los fundamentales --ni de tipo político, como todos quisieran-- los cubanos tienen ahora la posibilidad de dar un pequeño paso adelante en el aspecto económico, de manera que después --a la muerte de Fidel primero y de Raúl a continuación-- pudiera ¿quién sabe? transformar ese primer paso en avances mayores, más efectivos, sin traumas ni conflictos internos que obliguen a EUA a hacer lo que ahora ‘ha tenido que hacer’ en Libia, ni abarrotar la Florida con balseros cubanos desesperados.



Por increíble que parezca, este escenario se ha visto en el exterior como la solución del llamado “problema cubano”. Es sin dudas la solución a los ojos de EUA, que se apresuró a dar luz verde a la liberación adicional de los viajes de algunas categorías de ciudadanos norteamericanos a la isla, como respuesta a los acuerdos del VI congreso del PCC, señal que no pasó inadvertida para la dictadura cubana, que seguramente se empreñará en dar otro paso positivo en dirección a Washington, y así sucesivamente irán las cosas poco a poco.



Por su parte ya Europa habló de entablar conversaciones con la dictadura cubana sobre las relaciones comunes (léase, levantar la posición común) y ni hablar de la receptividad de Brasil y el resto de América Latina, que ve esta etapa como un ‘proceso’ hacia la democracia en Cuba, a medio o largo plazo, porque –argumentan-- es preferible esperar un poco que el derramamiento de sangre.



No cabe dudas que el drama cubano visto desde fuera pudiera observarse como encaminado hacia una solución más positiva que los 52 años de dictadura anteriores. Pero resulta claro para todos los ciudadanos cubanos que semejante óptica no refleja la solución que los nacidos en Cuba queremos para nuestra patria, convertida en un “parque jurásico” por obra y gracia de un grupito violento que se auto titula dueño permanente del poder y que ahora acaba de ratificarlo.



¿Y los cubanos, que pensamos de todo esto? Asumamos que el panorama político cubano actual descansa sobre 3 ejes principales a saber: un eje en cuyos extremos están los cubanos de dentro de la isla y los cubanos de fuera de la isla; otro eje en cuyos extremos están los opositores de izquierda y los opositores de derecha; y el tercer eje en cuyos extremos están Europa (España) y Estados Unidos; tres ejes que se cruzan en un centro, la dictadura castrista.



Con el eje Europa-EUA en total acuerdo con la solución actual de Raúl Castro --que brinda ‘estabilidad’ interna (evitando un éxodo balsero) y combate el narcotráfico en la región, además de renovar los acuerdos turísticos con España-- es un frente favorable a la solución rauliana.



El eje, cubanos de dentro-cubanos de fuera de Cuba, a pesar de las contradicciones existentes, es el menos conflictivo desde el punto de vista político. Con casi el 20% de la población cubana en éxodo por el mundo y con el aumento de la oposición interna (aunque no actuantes, la oposición cubana es mayoría dentro de la isla) la empatía entre ambos es muy positiva. Los cubanos de dentro de la isla probablemente prefieran una solución a medio plazo, como la impuesta por Raúl actualmente (por dos razones: tiende a resolver la carestía extrema ahora y segundo, evita el derramamiento de sangre que una solución ‘a lo Libia’ implicaría). Mientras los cubanos del exterior prefieren una solución más radical, sin Fidel ni Raúl en los comandos. En cualquier caso, los opositores de ambas orillas siempre podrán negociar programas, incluso porque los opositores de dentro se benefician con recursos de sus parientes de fuera.



El eje, cubanos de izquierda-cubanos de derecha --incluyendo sus variantes-- siendo ambos grupos conformados por opositores netos, es el más conflictivo en las actuales circunstancias, incluso porque la lucha política por venir se escenificará en tal contexto. De hecho, ya existe esa lucha en el seno de la oposición política cubana entre las diferentes tendencias políticas marcando terreno para el futuro post Castro. Hay, no obstante las diferencias, una unanimidad en la necesidad de la instauración en Cuba de un sistema democrático con elecciones libres, lo que representa un buen punto de encuentro para una demanda unitaria a la dictadura como punto único, tal como se hizo en Chile y Brasil, entre otros países sometidos a dictaduras similares a la nuestra. En este eje falta un gran partido de derecha –conservador-- espectro que nadie se ha ocupado de llenar, por la nefasta propaganda hecha por la dictadura castrista.



Hay, fuera del tema político, un gran campo que la oposición al castrato no puede de manera ninguna dejar abandonada en estos precisos momentos que marcan una nueva etapa en la isla y que puede ser alimentada por opositores de dentro y fuera de la isla, así como de ideologías de derecha e izquierda, incluso por EUA y Europa: la intelectualidad y la inteligencia cubana, abrumadoramente partidaria de un sistema democrático en la isla. Derrotada la ideología castrista (el VI congreso del PCC fue el entierro de la ideología castrista, pero no del marxismo leninismo que abrazan Raúl y sus generales) es importante incentivar la lucha ideológica en el campo intelectual. Los caminos raulistas de la isla se cruzarán pronto con la apertura de la Internet y la libertad de publicaciones, incluso antes de la liberalización de los partidos políticos.



Así, se hace indispensable la necesidad de dar a conocer dentro de Cuba las obras de nuestros intelectuales del exilio como parte importante de la lucha ideológica, que ahora se sumaría a la lucha política pacífica que llevan adelante los patriotas cubanos de dentro y fuera de la Nación cubana. Junto a las tradicionales exigencias de apertura política que realizan las organizaciones cubanas, nuestros intelectuales deben primar por la defensa de la apertura de la sociedad civil dentro de Cuba: libertad de viajes al (y desde) el exterior de ciudadanos cubanos; libertad de acceso a la Internet; libertad de publicaciones cubanas dentro y fuera del país; libertad de creación e intercambio en la plástica, en el teatro, en el cine, en la radio y en TV. Que los artistas del exilio viajen a la isla tal como lo hacen los artistas oficiales del castrato al exterior. Todas son demandas, no políticas, sino de la sociedad civil, y como tales debemos tratarlas.



Hay un campo inmenso en el que los intelectuales cubanos --como sociedad civil-- pueden dar su contribución al proceso que comienza. Sólo de nosotros depende su materialización, ahora conscientes de que las grandes potencias apoyarán democráticamente, lo que democráticamente hayamos podido poner de relieve como parte importante de nuestra cultura que se oculta a los hermanos del interior de la isla, en campos que nada tienen que ver con los partidos políticos y sus programas. La cultura cubana está apresada por el castrato, liberémosla y re introduzcámosla como parte de esta lucha, en beneficio de la Nación cubana del futuro.



¡LIBERTAD PARA TODOS LOS PRESOS POLÍTICOS CUBANOS!
RED URUGUAYA POR DEMOCRACIA PARA CUBA

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