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sábado, 3 de enero de 2009

EL SENADOR DEL PARTIDO NACIONAL RUPERTO LONG OPINA SOBRE CASTRO


PUBLICADO EN "ECOS" DEL DIARIO "EL PAÍS" DE MONTEVIDEO EL SÁBADO 3 DE ENERO DE 2009
Fidel Castro
Ruperto Long | Montevideo

@| "El primero de enero se cumplieron 50 años del triunfo de su Revolución.

Como a todos nosotros, más tarde o más temprano, le llegará su hora. `Algún día será`, pensé yo y, como alguien que pasó su adolescencia y ahora la etapa adulta rodeado de un ambiente de izquierda que todo lo impregna, me pregunté cuál sería mi reacción. Fidel, desde su Cuba, siempre estuvo presente en mi vida. Ya en el liceo, el `bicho político` se me comenzaba a manifestar cuando en Uruguay se discutía la Reforma Amarilla y `El Popular` cantaba loas a la Revolución Cubana. Ni que hablar del emblemático 1968: Vietnam, Praga, muertos en la calle, mis estudios preparatorios en el conflictivo Bauzá, y Fidel siempre predicando y fomentando la revolución por la vía que fuera necesaria.

¿Y durante la Facultad? ¡Por supuesto! Radicalización de los extremos, Allende en Chile, Fidel `mudado` a Santiago, elecciones del 71, espiral de violencia, muertes, derrota de los Tupamaros. 9 de febrero de 1973: comunicados 4 y 7, la vía peruanista, ¿Goyo será como Fidel, o al menos como Velazco Alvarado? (se preguntaban algunos, de cuyos nombres prefiero no acordarme...).

Luego, el 27 de junio, la larga y negra noche. Fidel estaba más lejos. Plebiscito del 80. Fidel estaba a años luz, pero siempre estaba, porque los dictadores uruguayos no nos dejaban olvidarlo. Represión, Internas del 82, Obelisco, Seregni libre, Pacto del Club Naval, Wilson preso. Fidel siempre estaba, más cerca o más lejos. Triunfo de Sanguinetti, liberación de Wilson, restauración democrática, visita de Fidel a Uruguay, lo recibo en el LATU. Es allí donde, frente a una periodista que le recrimina que muchas universitarias no tienen más remedio que vender su cuerpo, Fidel responde, con cinismo sin par: `lo que sucede, chica, es que en Cuba la educación está tan avanzada, ¡que hasta las prostitutas son profesionales!` Perestroika y Glasnost, muros que caen barridos por un tsunami de libertad; pero Fidel no, siempre está ahí, ¡treinta años después!, predicando. Se enferma gravemente, sobrevive, amaga a retirarse, pero sigue predicando. Van para cincuenta años…

Para quienes creemos visceralmente en la libertad y la justicia, que el fin no justifica los medios, que no existe la verdad absoluta y que todos nos podemos equivocar, para quienes sabemos que esa es la indispensable razón de la libertad, Fidel es un déspota.

Déspota porque hace e impone, al costo que sea, su voluntad, y porque no acepta críticas, ya que `toda crítica es oposición y toda oposición es contrarrevolución`. Hipócrita, además, porque reclama para otros lo que él no está dispuesto a brindar y predica de acuerdo a lo que convenga para su perpetuación en el poder. Y muy carismático también, porque tiene la inexplicable capacidad de generar simpatía incluso entre algunos de quienes están en sus antípodas.

No voy a festejar su muerte. Festejar una muerte es signo de barbarie. Tampoco me dará pena ni derramaré una lágrima, porque no lo merece. Del mismo modo reaccioné al conocerse la noticia de la muerte de Pinochet siendo, como lo era, un Fidel de signo contrario. Que nadie se escandalice con la comparación. Porque nunca debemos olvidar que tanto el despotismo como la hipocresía son abominables, pero, a no confundirse, no son de izquierda ni de derecha.

Simplemente son
RUPERTO LONG ES SENADOR DEL PARTIDO NACIONAL

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