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CUATRO MÁRTIRES

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RED URUGUAYA POR DEMOCRACIA PARA CUBA

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viernes, 17 de enero de 2014

LA HABANA, LA MECA DE LOS HIPÓCRITAS

LA MECA DE LOS HIPÓCRITAS - Por Claudio Paolillo - Semanario Búsqueda de Uruguay Este mes la dictadura comunista cumplió 55 años en Cuba. No hay mucho para decir del régimen totalitario que mantiene desde 1959 un sistema de partido único, donde nadie puede decir nada en contra de los que mandan porque va preso y es torturado por hacerlo, donde no hay separación de poderes, donde no hay jueces independientes y donde no existen las garantías individuales. Si un hombre o una mujer de 55 años tuvieron la desgracia de haber nacido en Cuba, sólo hubieran conocido un apellido para el cargo de "presidente" de su país: Castro. Primero, Fidel Castro, el déspota con más influencia para el mal en la historia de América Latina. Y desde el 2008, su hermano Raúl Castro, designado por aquel —¡faltaba más!—, para que siga haciendo lo mismo que su único "elector" hasta que ambos se mueran. Cuando se abran las puertas de la gran cárcel en que los Castro han encerrado durante tanto tiempo a un poco más de 11 millones de personas, con el cuento del "hombre nuevo" que es cada vez más viejo, pobre y atrasado en esa isla del terror, toda la basura saldrá a luz. La misma basura que salió a luz cuando pasaron a mejor vida los Stalin, los Hitler, los Honecker, los Mussolini, los Pinochet y los Ceausescu. La basura que producen todos los que han creído a lo largo de la historia que serían eternos y que, eternamente, podrían imponer su voluntad omnímoda y supuestamente todopoderosa sobre todos los demás seres humanos. Los que se han creído "iluminados", los que, en nombre del "pueblo", han pisoteado al pueblo, lo han despojado de todos los derechos y se han valido de él con el único propósito de vivir sus propias vidas a sus expensas, sin soltar nunca el poder ilegal e ilegítimo que han detentado. Provoca vergüenza ajena observar cómo, cada tanto, los autodenominados "izquierdistas" latinoamericanos (y, también, de otras regiones del mundo) llegan a La Habana para rendirle pleitesía a los dictadores. Se arrodillan ante ellos, les besan las manos y los elogian, mientras se niegan a recibir a unos pobres y valientes desgraciados que, afuera de los palacios donde residen los déspotas, claman por ser al menos escuchados. La Habana es, aún hoy, La Meca de la "izquierda" latinoamericana (o del otro nombrete con el que se autodefinen ahora: "progresistas"). Lo que, en algún sentido —y sólo en algún sentido— llama la atención es que una nada despreciable cantidad de esos adulones que se afanan por llegar lo antes posible a lambetear a dictadores sean tan "firmes" a la hora de juzgar a otros dictadores. Para éstos, todo el rigor de la ley, de la no ley, del desprecio social y de lo que sea; para los dictadores cubanos, nada. Incluso nada de parte de aquellos que sufrieron en carne propia un régimen dictatorial y vuelven el rostro ante el sufrimiento de otros seres humanos que carecen, ¡desde hace 55 años!, de todos los derechos y garantías por los cuales dicen luchar. Es que, la gigantesca hipocresía y cobardía de la "izquierda" latinoamericana de hoy obliga a hacer la fila del besamanos de los Castro para mantener "la marca". Alguien que quiere que lo identifiquen como un hombre o una mujer "de izquierda", en América Latina tiene que pasar por La Habana. Allí los Castro tienen el imprimatur. Si los alcahuetean un poco —y esto significa dejarlos tranquilos en los organismos internacionales de derechos humanos, no acusarlos por la infinidad de crímenes y latrocinios en que han estado directamente involucrados por más de medio siglo y, por supuesto, no decirles que son dictadores—, los Castro entregan el sello de "izquierdista". Con él a cuestas, los "izquierdistas" regresan a sus países, muestran el sello, posan de "izquierdistas" y, en algunos casos, hasta son electos como tales, aunque después apliquen las políticas que ellos llaman "de derecha" cuando las hacen otros sin sello habanero. La historia no los absolverá. Tampoco a ellos. El domingo 5, el diario "El País" de Madrid, afín a la "izquierda" española —que, por cierto, poco tiene que ver con la mayoría de la "izquierda" latinoamericana—, recordó en ocasión del 55º aniversario de la dictadura que el Castro que ahora funge de presidente (Raúl) "quiso alertar a sus compatriotas del gran peligro que les acecha: una ‘campaña de subversión político-ideológica’ orquestada ‘por poderosas fuerzas dentro y fuera’ de la isla, con el objetivo de desmantelar el régimen, ‘negar la vitalidad de los conceptos marxista-leninistas’ y sembrar ‘pesimismo con respecto al futuro’". "El País" fue contundente. "Nadie hay más consciente del fracaso de la revolución que los propios cubanos, que sufren la dictadura más longeva del planeta después de la de Corea del Norte. Pero el discurso sirvió para poner de manifiesto, una vez más, el cinismo de unos dirigentes parapetados en una retórica hueca", dijo. El periódico español enumeró algunos datos que dejan en evidencia el absoluto fracaso de la dictadura: "Cuba tiene que importar la mayor parte de los alimentos" y "se mantiene a flote gracias al petróleo regalado por Venezuela, como antes dependió de la Unión Soviética (los expertos cifran la ayuda inyectada por Moscú en 65.000 millones de dólares)". Un tal Eugenio Martínez, embajador de Cuba en Madrid, escribió una respuesta a "El País" para hacer méritos ante los dictadores que, a dedo, lo pusieron allí —como a todos sus colegas— a disfrutar de la buena vida a costillas de los desvencijados bolsillos de los cubanos. El tal Martínez publicó su contestación en un medio digital cubano que, irónicamente, se llama "Cubadebate". ¿Cómo "debate" en Cuba si el debate está prohibido? Diplomático al fin, el tal Martínez dijo que la definición del diario en cuanto a que el régimen es "un fracaso" y a que los dictadores son "cínicos" es algo que "no se corresponde con la realidad". Por supuesto: se trata de mucho más que un problema de "fracasos" o "cinismos". La existencia de la dictadura cubana es una afrenta para la Humanidad y la comunidad internacional debería ayudar a sus 11 millones de prisioneros a encontrar la libertad que los opresores les niegan. Por cierto, el tal Martínez habló del "bloqueo" de Estados Unidos, de la maravilla que es su país en materia de salud y de educación, de las "mentiras" de "El País" y de la "ética" de sus mandantes (los Castro). Toda la monserga del libreto de siempre. Ya no importa, Martínez. Todos se dieron cuenta hace rato de la abyecta dictadura que usted representa. Y no se equivoque, Martínez: se dieron cuenta incluso los cobardes que todavía se arrastran ante sus jefes pero que, una vez estos desaparezcan y con la misma cobardía, se "sorprenderán" con los "descubrimientos" que empiecen a ser publicados sobre el régimen más totalitario de América Latina. Y sumarán sus voces, hipócritamente, al coro de repudio. ¡LIBERTAD PARA TODOS LOS PRESOS POLÍTICOS CUBANOS! RED URUGUAYA POR DEMOCRACIA PARA CUBA

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